Demon Slayer: Infinity Castle acaba de alcanzar un hito histórico: se convirtió en la película internacional más taquillera en la historia del box office estadounidense, superando a Crouching Tiger, Hidden Dragon (2000), que mantuvo el récord durante más de dos décadas.
El filme, adaptación del arco final del manga de Koyoharu Gotouge, ha recaudado más de 160 millones de dólares en cines de Estados Unidos, consolidando el fenómeno global que Kimetsu no Yaiba representa desde su debut en 2019.
El éxito no es casual. Ufotable ha llevado su calidad de animación a un nivel sin precedentes, combinando una narrativa emocionalmente devastadora con secuencias visuales que rozan lo cinematográficamente imposible. La cinta sirve como cierre definitivo del viaje de Tanjiro Kamado y sus compañeros cazadores de demonios, elevando cada batalla al rango de espectáculo sensorial.
Críticos y fanáticos coinciden en que Infinity Castle supera incluso el impacto de Mugen Train, que en 2020 ya había roto récords mundiales. Su estreno limitado se amplió rápidamente tras agotar funciones en las principales ciudades de EE. UU., y su recepción crítica ha sido casi unánime: la cinta no solo es un logro técnico, sino una muestra de cómo el anime puede trascender cualquier barrera cultural.

Con este récord, Demon Slayer reafirma el poder comercial y artístico del anime japonés en el mercado occidental. Lo que comenzó como una historia sobre la pérdida y la redención familiar ahora se consagra como uno de los mayores éxitos cinematográficos de la historia moderna.
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