El regreso de Tron a la gran pantalla debía ser uno de los grandes eventos cinematográficos del año. Después de más de una década en silencio, Tron: Ares prometía devolvernos a ese universo digital lleno de luces, música electrónica y reflexiones sobre la inteligencia artificial. Sin embargo, su primera semana en cartelera ha dejado un sabor amargo tanto en Disney como entre los fanáticos de la saga.
El estreno, que llegó a los cines el 10 de octubre de 2025, apenas logró recaudar 33,5 millones de dólares en Estados Unidos durante su primer fin de semana. A nivel global, la cifra ascendió a 60,5 millones, muy por debajo de las expectativas iniciales, que apuntaban a superar los cincuenta millones solo en el mercado norteamericano. Y si se tiene en cuenta que la película costó alrededor de 180 millones de dólares (sin contar la millonaria campaña de marketing), los números comienzan a verse preocupantes.
La comparación con Tron: Legacy de 2010 resulta inevitable. Aquella secuela, impulsada por la icónica banda sonora de Daft Punk y un estilo visual innovador para su época, abrió con más fuerza y cerró su recorrido superando los 400 millones de dólares en taquilla mundial. Tron: Ares, en cambio, parece haber perdido la chispa que alguna vez encendió el interés por esta franquicia.
Portada Tron: Legacy
Los primeros comentarios del público y la crítica coinciden en señalar un patrón: una película visualmente deslumbrante, pero con un guion débil y una historia que no termina de encontrar su identidad. Algunos la describen como “una experiencia hermosa pero vacía”, una producción que apuesta todo al espectáculo visual sin ofrecer una narrativa que enganche al espectador. Otros opinan que el exceso de nostalgia jugó en su contra, al intentar revivir una fórmula que quizás ya no conecta con las nuevas generaciones.
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A eso se suma la competencia feroz en cartelera y la falta de atractivo para el público general. Tron nunca fue una franquicia masiva, sino un producto de culto, con una base de seguidores fiel pero limitada. En una industria dominada por superhéroes y sagas más accesibles, su propuesta de ciencia ficción filosófica parece haber quedado atrapada entre dos mundos: demasiado ambiciosa para el público casual y demasiado superficial para los fanáticos del género.
Jared Leto en Tron: Ares
Disney, por su parte, enfrenta un dilema. Tron: Ares era vista como la oportunidad de reactivar una marca dormida, pero el golpe inicial pone en duda su futuro. Las próximas semanas serán decisivas: si logra mantener una taquilla estable gracias al boca a boca o al impulso internacional, podría salvarse del desastre financiero. Pero si la caída continúa, la posibilidad de una cuarta entrega quedará prácticamente descartada.
Por ahora, el viaje digital de Ares no ha sido el salto que Disney esperaba. Más bien, se siente como una desconexión entre el pasado brillante de Tron y un presente que parece no saber muy bien qué hacer con él.
